La Mahoma

Por José Fernando Domene Verdú
Artículo extraído de la revista «Día 4 que fuera» de 2004

La «Mahoma» es una tradición que tiene su origen en la Edad Media y está relacionada con los Gigantes y Cabezudos aragoneses y catalanes y con la utilización de un gran muñeco que representa a Sansón en algunos lugares de Hungría.

Como representación de Mahoma ya se utilizó en las fiestas de moros y cristianos que se celebraron en Jaén en 1463 y se documenta también con los nombres de Aduar o Papaz en el siglo XVIII en algunas fiestas de moros y cristianos como las de Alicante o Alcoy.

En Biar y Villena se documenta ya en 1838 y existió en toda la comarca del Alto Vinalopó hasta que se eliminó desgraciadamente en algunas poblaciones (Sax, Petrer, etc.) tras el Concilio Vaticano II.

La utilización de la efigie de Mahoma en las fiestas de Moros y Cristianos continúa una extendida y arraigada tradición anterior en gran parte de la Península Ibérica, porque ya se encuentra en las primeras fiestas de moros y cristianos bien conocidas, las de Jaén de 1463, que fueron descritas en la crónica del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo se nombra la efigie de Mahoma, llamado Mahomad, etc.

Pero lo que más llama la atención para los villenenses es sin duda la existencia clara y expresa en la fiesta de Jaén de 1463 de una efigie de Mahoma, que fue llevada por los moros durante toda la representación y que al final de ésta, tras ser vencidos por los cristianos, los mismos moros la lanzaron a la fuente de la Plaza de la Magdalena, de Jaén, exactamente igual que se hacía en Villena donde, hasta principios del siglo XX, los festeros lanzaban la efigie de Mahoma a la Fuente de los Burros después de la embajada del día 8, en la que los moros eran vencidos por los cristianos.

«E los moros fingieron venir con su rey de Marruecos, de su reyno, y trayan delante al de su profeta Mahomad, de la casa de Meca, con el Alcorán e libros de su ley, con gran cirimonia, en vna mula muy enparamentada; y en somo, vn paño rico en quatro varas, que trayan quatro alfaquies. E a sus espaldas venia el dicho rey de Marruecos, muy ricamente arreado, con muchos trompetas e atabales delante».

«E con muy grandes alegrías y gritos, y con muchos trompetas y atabales, fueron con el dicho señor Condestable por toda la ciudad fasta la Madalena. Y en la fuente della lançaron al su profeta Mahomad, y a su rey derramaron un cántaro de agua por somo de la cabeça, en señal de bautismo, y él y todos sus moros le besaron la mano».

En las fiestas de moros y cristianos celebradas en Toledo en 1533, se utilizó también un muñeco gigante denominado «el gran turco», y esta figura se continuó utilizando en las fiestas de moros y cristianos de la Edad Moderna, como por ejemplo las de Alicante. En efecto, la presencia de un muñeco gigantesco representando normalmente a Mahoma, denominado algunas veces Aduar o Papaz, que se colocaba en lo alto del castillo cuando los moros lo conquistaba, se documenta en Alicante en 1700 y 1732, en Alcoi en 1714 o en Orihuela en 1789.

Las fiestas de moros y cristianos más importantes de la zona levantina en la Edad Moderna fueron, sin duda, las de Alicante, que se documentan en numerosas ocasiones en 1599 y 1789 (González, 1996b, 48-80) y se nombran expresamente el castillo de embajadas en 1697 y las embajadas mismas en 1700 y en 1715, con castillo de madera y el Papaz o Aduar, que era un muñeco gigante que los moros colocaban en el castillo cuando lo ganaban y, por tanto, es el antecedente directo de «La Mahoma».

En 1700 también se documentan en Alicante los «espías» que, vestidos con trajes especiales, realizan el examen y la medición de las murallas antes de la embajada mora para entrar después en ellas, acompañados de música y baile. Esto no es más que el Ball dels Espies que se ha conservado en Biar unido a La Mahoma.

Las dos embajadas se desarrollaban en un solo día, hasta que en 1738 ya lo hicieron en dos días consecutivos, es ésta es la razón por la que los alicantinos contemporáneos las consideraban como «la fiesta propia de Alicante, que llaman combate de Moros y Cristianos» (González, 1996b, 63), denominándola «fiesta» en singular porque las dos embajadas se desarrollaban en el mismo día. Especial importancia para las fiestas levantinas tuvieron estas fiestas de moros y cristianos de Alicante, documentadas desde 1599 hasta 1789, porque influyeron en la extensión de este tipo de fiesta a otras ciudades cercanas más pequeñas (Alcoi en 1741, 1751 y 1753; Benilloba en 1747; Elx el 14-7-1754, el 16-8-1777 y el 29-12-1806; y Orihuela en 1789), que las tomaron como modelo.

Pero las fiestas alicantinas son importantísimas para comprender las actuales fiestas y en las fiestas alicantinas hay que ver el origen de elementos actuales tan emblemáticos como «La Mahoma», el «Ball dels Espíes» de Biar, las comparsas de Romanos de las poblaciones en las que han existido, el «Desembarc» de la Vila Joiosa o el esquema festero de las fiestas de Alcoi, por poner sólo algunos ejemplos.

No hay más que comparar el esquema festero de Alicante en 1715 (González, 1996b, 65-68) con el de Alcoi en 1741, que se ha mantenido hasta ahora, para comprender que las fiestas alcoyanas tomaron como modelo a las alicantinas (González, 1996b, 80) tras su reanudación tras el largo paréntesis (1706-1741), en el que no se celebraron por la prohibición de Felipe V. Las «barcas y pertrechos marítimos» que cita el Padre Picher en las fiestas alcoyanas de 1753 sólo tienen sentido en la celebración del Desembarco y, en una ciudad del interior como Alcoi, sólo se explican por influencia de las fiestas alicantinas, en las que era importantísimo y multitudinario.

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